
Santo Domingo, 30 de diciembre de 2025. El Faro a Colón, ese imponente monumento que alberga los restos de Cristóbal Colón, funciona como museo histórico y simboliza la cristianización de América, se ha convertido en el escenario de una decisión que deja perplejos a muchos dominicanos: la instalación de un circo en sus alrededores.
Según información disponible, el Circo Symphony —un espectáculo familiar y tradicional— ha montado su gran carpa en el área del Faro a Colón, en Santo Domingo Este, con funciones programadas desde diciembre de 2025 hasta enero de 2026. ¿A quién se le ocurrió esta idea? ¿Quién autorizó colocar una carpa circense en un sitio declarado patrimonio cultural, considerado por muchos como la tumba sagrada del Descubridor de América?

El Faro a Colón no es un parque de diversiones cualquiera. Es un mausoleo donde reposan (según la tradición dominicana) los restos mortales de Cristóbal Colón, un museo con exhibiciones de decenas de países y un espacio que guarda reliquias históricas, como el Papa Móvil utilizado por San Juan Pablo II durante su visita en 1992. Informaciones y fotografías circulantes indican que la estructura del circo tapa parcialmente la visibilidad de este vehículo papal, un símbolo de fe y historia para millones de católicos dominicanos. ¿Es esto respeto al patrimonio?
Este monumento genera turismo cultural, educa a generaciones sobre nuestra historia y representa un pilar de la identidad nacional. Sin embargo, parece que priorizamos el entretenimiento efímero sobre la preservación de lo sagrado. La Alcaldía de Santo Domingo Este ha organizado eventos en el área del Faro, como conciertos gratuitos, lo que sugiere que podría tener injerencia en permisos para actividades en el entorno del monumento. ¿Fue la Alcaldía quien dio el visto bueno? ¿O el Ministerio de Cultura? ¿Quién gestionó esta instalación?
Y las preguntas no terminan ahí: ¿A dónde va el dinero recaudado por las entradas del circo? ¿Beneficia al mantenimiento del Faro a Colón, o solo a los organizadores privados? ¿Cómo se justifica montar un espectáculo comercial en lo que muchos consideran un lugar de reposo eterno, casi una tumba?
¿Y La Transparencia?. Los dominicanos merecemos respuestas claras y transparentes. El Faro a Colón no es un lote vacío para eventos temporales; es un símbolo de nuestra historia que debe protegerse con celo. Exigimos que las autoridades competentes —sea la Alcaldía de Santo Domingo Este, el Ministerio de Cultura o quien corresponda— rindan cuentas públicamente. ¿Por qué profanar con luces de circo un sitio que debería iluminar nuestra memoria colectiva?
Las decisiones parecen priorizar lo comercial sobre lo cultural.
El Faro a Colón merece respeto, no una carpa de circo.



